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Vos, yo y nuestro refugio

 

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Construir "nuestra" casa

Queremos mudarnos, cambiar de casa.
Tratamos de comprar alguna, pero no nos gusta ninguna de las que vimos, ninguna es exactamente como nos gustaría. Y decidimos lanzarnos a la aventura de construir una nueva.

¿Sabemos donde nos metemos?
Habrá que lidiar con técnicos (esos arquitectos que son tan terribles), albañiles, plomeros, electricistas, etcétera. Lo pensamos, le damos algunas vueltas, y decidimos que nada nos atemoriza. Está muy bien, pero tengamos en cuenta algunos aspectos antes de empezar para que la tarea resulte más fácil y placentera.

Construir nuestra casa es una revolución, todo se mueve, todo cambia, algo va a empezar
a levantarse. Algo que descubriremos a medida que se construya, porque por más planos y maquetas que veamos, por más que recorramos el espacio (virtual) con la computadora, la realidad construida será diferente.

Día tras día veremos cómo ponen los cimientos, cómo se levantan las paredes, pero recién cuando techen la casa podremos ver cómo son en la realidad los espacios imaginados, cómo
será “nuestro envase”, nuestro nuevo espacio de contención.

Simultáneamente con la construcción de la casa, se reconstruye nuestro interior y nuestro
yo se reacomoda. Cuanto más larga es la obra, más nos revolvemos por dentro y sumamos
más ansiedad. Si no estamos conscientes y atentos a lo que está pasando, las relaciones familiares pueden resentirse y, en algunos casos, hasta romperse.

Es importante por eso discriminar los problemas materiales (propios de la construcción
de la obra) de los emocionales y familiares. Deberían considerarse varios aspectos.


Familiares

Tengamos en cuenta a todo el grupo familiar, sus necesidades físicas, materiales,
emocionales, y sociales. Si es posible, que cada miembro de la familia tenga un espacio
propio para estar consigo mismo, aunque sea un rincón con un escritorio personal.

Definamos el objetivo común a todos y lleguemos a acuerdos con toda la familia, ya que
todos vivirán en la casa. No descuidemos la individualidad, la necesidad de cada miembro
de la familia, y al mismo tiempo lo grupal.

Toda la familia se prepara para el cambio y todos están como parados sobre un volcán.
Unos se movilizan más que otros y es bueno hablar cada conflicto que aparece, prepararse
para el nuevo hábitat sin descuidar el momento actual.


Materiales

Abramos bien los ojos ante cada paso. Al elegir los técnicos, verifiquemos su idoneidad.
Los "arquitruchos" tienen menos publicidad que los meditruchos, pero también abundan.
Firmemos un contrato que nos proteja de inconvenientes e imprevistos, presentemos los
planos a tiempo. Trabajar según principios éticos limpia nuestra casa desde los cimientos.
Si nos gusta elegir los materiales de obra, cerciorémonos de su calidad y garantía.

No dejemos todas las decisiones en manos de los técnicos.
Ellos conocen su oficio, pero los que vamos a vivir en la casa somos nosotros.
El contacto permanente con la obra y sus necesidades, con sus problemas y sus gozos,
nos ayudarán a crecer junto con ella.


El cambio

Somos seres en permanente cambio. Nuestras necesidades mismas pueden cambiar, cuatro veces cuando la obra está a punto de terminar: un hijo se va a vivir solo, llega un pariente
con el que no contábamos.

También la obra cambia. Hay detalles que resolver, o lo que antes nos gustaba ahora no.

Si nos mantenemos demasiados rígidos, la realidad puede golpearnos. La flexibilidad evita
que los cambios generen conflictos pero tampoco hay que exagerarla, porque estaríamos
siempre modificándolo todo, elevando el costo de la obra y nunca terminaríamos de mudarnos.

Como en muchas cosas, hay que llegar al justo medio.

Autora: Victoria Chamó - Arquitecta

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